
Por: Maricela Padilla
Morelia, Mich.- El cineasta mexicano recibió el día de ayer la Medalla Filmoteca UNAM durante el 24.º Festival Internacional de Cine de Morelia, en una jornada marcada por la emoción, las reflexiones y un encuentro entrañable con el público
Hay momentos en los que el cine deja de ser el protagonista y cede su lugar a la humanidad de quienes lo hacen posible. Eso ocurrió el día de ayer durante la presencia de Guillermo del Toro en el 24.º Festival Internacional de Cine de Morelia, donde el reconocido cineasta mexicano recibió la Medalla Filmoteca UNAM entre aplausos, lágrimas y manifestaciones de cariño.La celebración fue mucho más que un homenaje a su trayectoria.
Entre consejos, anécdotas y reflexiones, Del Toro compartió con los asistentes una mirada sensible sobre la vida, la responsabilidad de las generaciones y el mundo que heredarán los jóvenes.Uno de los momentos más conmovedores llegó cuando expresó una disculpa por el mundo que los adultos están dejando a las nuevas generaciones. La emoción se apoderó del recinto.
Por un instante, el cineasta bajó la cabeza; sus lentes se empañaron mientras intentaba contener las lágrimas. Fue una imagen silenciosa que expresó tanto como sus palabras.Entre las reflexiones que resonaron durante la jornada destacó una frase que difícilmente olvidarán quienes la escucharon: «El odio es el veneno que te tomas esperando que mate a otros». Un consejo que invitó a reflexionar sobre el resentimiento, la intolerancia y el daño que los seres humanos pueden causarse a sí mismos cuando permiten que el odio gobierne sus decisiones.
Del Toro también escuchó a jóvenes originarios de Guadalajara, quienes compartieron sus inquietudes ante la situación alarmante que enfrentan. Lejos de limitarse a recibir reconocimientos, el cineasta dedicó tiempo a escuchar, responder y compartir experiencias, dejando ver una faceta cercana y profundamente humana.Su participación estuvo acompañada de consejos y anécdotas que provocaron sonrisas, aplausos y momentos de profunda reflexión.
Asimismo, la magia del festival no se limitó a las salas de proyección ni a las ruedas de prensa. Durante estos días, Morelia se transformó en un punto de encuentro entre generaciones. Familias enteras acudieron para disfrutar del ambiente cinematográfico, acercarse a sus artistas favoritos y participar de una celebración cultural de alcance internacional.
La ciudad se llenó de entusiasmo, conversaciones, encuentros y recuerdos que permanecerán mucho después de que se apaguen las luces del festival. La presencia de Guillermo del Toro recordó que el verdadero alcance del arte no se mide únicamente en premios o reconocimientos, sino también en su capacidad para conmover, inspirar y despertar conciencia.
El Festival Internacional de Cine de Morelia representa una oportunidad que merece vivirse. Acudir a sus actividades permite acercarse a creadores de talla internacional, descubrir nuevas historias y compartir experiencias culturales memorables.Porque aquella jornada dejó una certeza: a veces, las palabras más memorables de un cineasta no están escritas en ninguno de sus guiones, sino que nacen cuando habla desde el corazón.
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